Todo lo bueno escasea – Chateau Le Pin

Hace aproximadamente 1 mes atrás, tuve la grata oportunidad de visitar Chateau Le Pin, un lugar soñado para alguien que se desempeña como sommelier. Durante años de estudio uno escucha y habla de vinos que resultan tan inalcanzables como las narraciones de la mitología griega. Poder contar con una visita personalizada (especial agradecimiento a HANS V.D.) no es poca cosa, de hecho es mucha cosa.

El día arranco estupendamente bien, el sol irradiaba calor de tal manera que la tarde fría de invierno, se transformaba en una gran tarde de primavera.. ideal para recorrer el campo, y así palpar el terruño. Claro que es muy importante probar un vino para poder hablar de el, pero mas importante aun, para entender ese vino, para entender porque se expresa de esa manera en la copa, es muy importante comprender su origen, y para eso no hay mejor manera que caminar los viñedos junto con quien hace poco mas de 3 décadas los trabaja.

Para hacer un poco de historia, la familia Thienpont quien ya contaba con Vieux Chateau Certan entre sus capitales, compró en 1979 un viñedo de aproximadamente 2 hectáreas en los limites de Pomerol. De esas 2 hectáreas el 80% son de Merlot y el 20% restante de Cabernet Franc. Cercano al borde con Saint Emilion, a pasos de Chateau Cheval Blanc y Chateau Petrus, 2 emblemas Bordelejaises, realmente me despertaba curiosidad como esto influenciaba. Sus viñedos se encuentran plantados con orientación Sur, recibiendo las mejores horas de sol, y en una colina compuesta por una capa de grava fina y un subsuelo arenoso.

En el centro de los mismos, una edificación chica y moderna, aunque sobría, mas bien a una casa de country que a una bodega. Una casa con unos 6 tanques chicos de acero inoxidable, unas tantas barricas de madera francesa y una terraza para pequeños eventos y degustaciones que es soñada. Pero creanme que no estoy siendo austero con mi relato, sino que realmente la simpleza y el bajo perfil se contrapone con los chateaus del medoc que ya en su época anduvieron peleando para ver quien construía el chateau mas grande y bonito.

Chateau Le Pin fue el primer vino en recibir el termino ¨Vin de garaje¨, ya que literalmente el vino se hacía en un garaje, y un poco haciendo alusión al volumen diminuto que manejan. Producen nada mas que 400 cajas al año cuando están al 100% de su capacidad. Pero cuando la calidad no es la esperada el volumen cae, y hasta puede que no se embotelle nada bajo la etiqueta Chateau Le Pin. Esta política de producción es la columna vertebral de su negocio. 400 cajas solo pueden dar un buen margen de ganancia cuando su precio es astronómicamente alto. Y solo puede mantenerse alla arriba debido al prestigio que ha ganado en el tiempo, donde solo embotellan lo que acredita calidad digna de llevar la etiqueta Chateau Le Pin.

Chateau Le Pin es una rareza por donde se lo mire. Al igual que Petrus, pero sin su historia y su volumen, ha ganado tal prestigio que sus precios son comparables con cualquiera de los 5 grandes del Medoc, Cheval Blanc o Ausome o Petrus. Es un genérico Pomerol que carece de clasificación, al igual que todos sus pares, y este si es un tema que llama curiosamente la atención. La clasificación de Bordeaux, por donde se la mire es confusa y dudosa. Pocas o nulas revisiones de los Grand Crus que las conforman, y poniendo a la par vinos que claramente difieren enormemente en calidad. Vinos que ademas muestran distintos conceptos de producción e inclusive distintivos terruños a pesar de pertenecer a la misa AOP.

La hora de la degustación se acercaba y se me ponía la piel de gallina. He probado muchos Bordeaux en mi vida, desde genéricos hasta los mas importantes, desde jóvenes a bien maduros. Pero jamás había encontrado un claret de estas carácteristicas. El balance perfecto entre el estilo tradicional de Pomerol, con un estilo nuevomundista con gran concentración de fruta. Algo que no solo expresaba el terroir donde se originaba sino un concepto ¨vanguardista¨ de su winemaker, alguien que tuvo siempre claro que los vinos ultrapremium del Nuevo Mundo iban a ser una gran competencia. Fue uno de los vinos más largos en boca que he tomado, y algo todavía más importante, una versatilidad de momento de consumo, donde no hay que esperarlo tanto tiempo como a uno de los 5 grandes del Medoc.

Sacando conclusiones, mi balance fue haber pasado una tarde en ¨el cielo Bordelais¨, y le di la mano a Jesus, algo que muy pocos pueden hacer!

Gracias Hans Vindigdiers por el contacto, Gracias a Fiona y a Guilleme Thienpot por la hospitalidad y la humildad de presentarle a un don nadie el cielo!

Salud

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